Después de su salida de la coalición que encabezaba el gobernador Claudio Poggi, el exmandatario aceleró sus recorridas por distintos barrios y localidades de San Luis. Pero esta vez no aparece solamente como dirigente que visita vecinos. Aparece como candidato en construcción.

Y hay una diferencia.

Porque una cosa es recorrer. Otra es recorrer con cámara, discurso, archivo, memoria selectiva y una batería de videos preparados para redes sociales.

Rodríguez Saá eligió claramente el segundo camino.

Durante las últimas semanas comenzó a multiplicar videos cortos en los que repasa los que considera logros de sus gestiones y cuestiona duramente al actual gobernador Claudio Poggi. También dirige críticas hacia su hermano Alberto, aunque en este caso evita mencionarlo directamente.

El formato es simple y efectivo: barrio, cámara, pregunta, diagnóstico y remate político.

La vieja política descubrió TikTok.

Los videos no aparecen aislados. Se replican prácticamente en simultáneo en distintas cuentas creadas en los últimos meses, entre ellas @vivaadolfo.sl, @viva.adolfo, @lagenteconadolfo y @adolfosanluiscumple.

La estrategia tiene una lógica evidente: multiplicar el mensaje, instalar conceptos y recuperar presencia pública sin depender exclusivamente de los medios tradicionales.

Rodríguez Saá habla de viviendas, empleo, infraestructura, hospitales, rutas, industria, planes sociales y políticas de desarrollo.

Pero también construye una narrativa electoral.

En uno de los videos realizados en Villa Mercedes cuestiona una carpa destinada a personas en situación de calle y sostiene que habría costado 38 millones de pesos. Según su denuncia, estaría vacía mientras dirigentes se habrían beneficiado de recursos públicos.

La acusación es política y contundente. Como corresponde en cualquier cobertura periodística, se trata de afirmaciones del exgobernador y no de hechos judicialmente acreditados en la información disponible.

En otro video pone el foco sobre el sistema de peajes y el Entre Control de Rutas. La pregunta que plantea es directa: qué se hace con el dinero recaudado mientras, según su crítica, existen problemas para mantener la Autopista.

El mensaje busca instalar una ecuación sencilla: si se recauda, debería verse en las rutas.

Y cuando eso no ocurre, aparece la sospecha.

Las TuBi, los hospitales y una discusión sobre el Estado

Otro de los blancos elegidos por Rodríguez Saá es el programa TuBi.

El exgobernador recuerda la entrega de miles de bicicletas y plantea una pregunta que tiene bastante más contenido político del que parece: ¿qué ocurrió con esas bicicletas?

En uno de sus videos, una mujer responde que algunas fueron vendidas para comprar alimentos.

Rodríguez Saá utiliza esa respuesta para cuestionar el diseño de las políticas públicas y sostiene que, si una familia necesita vender una bicicleta para comer, entonces el problema no se soluciona entregando una bicicleta.

El argumento puede resumirse así: primero hay que garantizar ingresos suficientes y después pensar en el resto.

También apunta contra la situación del personal en los hospitales, incorporando otro de los temas sensibles para cualquier administración provincial: la capacidad del Estado para sostener sus servicios esenciales.

La campaña empieza, de esta manera, a construir un contraste entre lo que Rodríguez Saá dice que hizo y lo que sostiene que Poggi no está haciendo.

La política argentina tiene una fascinación histórica por el “antes estábamos mejor”.

Rodríguez Saá parece decidido a convertir esa nostalgia en plataforma electoral.

El capítulo Alberto: fábricas, empleo y una cuenta pendiente

Pero el regreso político del Adolfo tiene una particularidad.

No solamente apunta contra Poggi.

También mira hacia su propio apellido.

Aunque no menciona directamente a Alberto Rodríguez Saá, cuestiona parte del proceso económico y social de los últimos años de aquella etapa de gobierno.

Recuerda que durante sus gestiones se instalaron 1.078 fábricas y se generaron 25.000 empleos industriales, según los números que utiliza en sus videos.

Después plantea una comparación: de aquellos 25.000 empleos, sostiene que quedarían unos 11.000.

“¿Por qué se fueron las fábricas?”, pregunta. Y responde: porque no fueron escuchadas.

La crítica tiene una segunda dimensión.

Rodríguez Saá también cuestiona la permanencia de planes sociales durante períodos prolongados. Reconoce que pueden haber funcionado como una herramienta de emergencia, pero advierte sobre el riesgo de que personas permanezcan durante décadas dentro de esos esquemas.

Aquí aparece una de las paradojas más interesantes de su discurso actual.

El mismo dirigente que reivindica políticas sociales del pasado ahora las observa desde una perspectiva crítica cuando se transforman en permanentes.

La política, como siempre, tiene una memoria extraordinariamente flexible.

“Se gobierna con un equipo”: el mensaje contra Poggi

Uno de los conceptos que más claramente atraviesa los videos es la idea de equipo.

Rodríguez Saá asegura que sus gobiernos funcionaban con un grupo de personas que “se rompía el alma por San Luis” y desliza que “se gobierna con un equipo, no se gobierna solo”.

La frase no necesita demasiada traducción política.

Es un mensaje dirigido hacia la actual administración.

Y también es una forma de reconstruir una identidad: la del gobernador que conoce los barrios, escucha a los vecinos y entiende —según su propia narrativa— cuáles son las necesidades concretas de la población.

A eso suma una lista de políticas que pretende volver a instalar en la memoria colectiva: planes habitacionales con cuotas de 90 pesos, la Autopista de la Información, promoción industrial y desarrollo tecnológico.

Pero el discurso no se queda en el archivo.

También incorpora inteligencia artificial, trabajo remoto, energías solar y eólica, viviendas sociales, cloacas y gas natural.

Es decir: el Adolfo de los recuerdos intenta presentarse como el Adolfo del futuro.

Y apareció la encuesta salvadora

Como si a la película política le faltara un giro de guion, apareció una encuesta.

Seguidores de Rodríguez Saá comenzaron a compartir una placa atribuida a una consultora denominada EGB, que le asigna al exgobernador un 38,6% de intención de voto, frente al 23,50% de Claudio Poggi y el 12,30% de Alberto Rodríguez Saá. El porcentaje restante corresponde a indecisos.

El problema no está solamente en los números.

Está en quién los midió.

La difusión generó polémica porque no aparece, según la información aportada, una trayectoria pública reconocible de esa consultora en materia de opinión pública o mediciones electorales. La empresa identificada públicamente como EGB Consultora tendría sede en Campana y estaría vinculada a servicios de calidad, asistencia técnica, procesos industriales, auditorías y normas ISO.

Y ahí aparece una vieja regla del periodismo político:

una encuesta no se vuelve seria porque tenga porcentajes con dos decimales.

Necesita metodología, universo, cantidad de casos, fecha del relevamiento, sistema de muestreo, margen de error, modalidad de consulta y, fundamentalmente, quién la realizó.

Porque si no, cualquier placa puede transformarse en una elección anticipada.

Y las redes sociales tienen una capacidad maravillosa para convertir un número sin contexto en una verdad con tipografía grande.

La verdadera batalla recién empieza

Más allá de la discusión sobre la encuesta, hay algo que ya resulta evidente: Rodríguez Saá está construyendo una candidatura.

No solamente habla. Compara.

No solamente recuerda. Contrasta.

No solamente critica al gobierno de Poggi.

También intenta disputar la interpretación de su propio legado y diferenciarse de Alberto.

La estrategia tiene un componente territorial y otro digital. Recorre barrios mientras las redes multiplican el mensaje.

La pregunta ahora no es si Adolfo quiere volver a disputar poder.

La pregunta es hasta dónde puede crecer ese regreso.

Porque una campaña puede construirse con recuerdos, videos y encuestas. Pero finalmente necesita algo más difícil: convencer a los que no militan, a los que no comentan las publicaciones y a los que todavía no decidieron si quieren volver al pasado, quedarse en el presente o apostar por otra cosa.

El 2027 no está lejos.

Pero en política argentina, cuando alguien empieza a recorrer barrios con una cámara encendida, recordar sus éxitos y enumerar los fracasos ajenos, una cosa está clara:

la campaña ya empezó.

Y en San Luis, el viejo tablero político acaba de volver a encenderse.

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