Fatiga digital de Milei: el Presidente pierde fuerza en las redes y vuelve a la pelea contra el periodismo

La maquinaria digital que convirtió a Javier Milei en un fenómeno político empieza a mostrar señales de desgaste. Un informe de Ad Hoc registra una fuerte caída de las menciones al Presidente, mientras el Gobierno enfrenta dificultades para imponer agenda y recuperar la conexión con una sociedad que parece mirar para otro lado.

Durante años, Javier Milei entendió algo que buena parte de la política argentina descubrió tarde: las redes sociales no eran una herramienta de comunicación; eran el campo de batalla.

Ahí construyó su personaje.

Ahí encontró a sus adversarios.

Ahí convirtió la “casta”, la motosierra y las peleas contra periodistas, economistas y dirigentes políticos en combustible para una maquinaria digital que parecía no tener techo.

Pero ahora aparece un problema bastante menos simpático para el oficialismo.

La máquina empieza a perder vueltas.

El fenómeno fue bautizado como “fatiga digital” y, según el análisis de conversación virtual citado en el informe La Fatiga Digital – Agosto 2026, elaborado por la consultora Ad Hoc, las menciones que referencian a Milei cayeron un 70% respecto de febrero de 2025, en particular después del caso $Libra.

No significa que Milei haya desaparecido de las redes.

Ni mucho menos.

El Presidente sigue siendo, por volumen de conversación, uno de los políticos más relevantes del escenario local.

El problema es otro.

Ya no genera el mismo interés.

Y para alguien que convirtió el algoritmo en una especie de compañero de fórmula permanente, eso puede ser bastante incómodo.

La fatiga digital de Milei y el problema de dejar de ser novedad

Kevin Grunbaum, especialista citado en el análisis, describió una caída consistente de la presencia del Gobierno en la conversación digital.

La frase es particularmente significativa: “cada vez aparece menos el gobierno”.

No porque haya dejado de publicar.

De hecho, ocurre casi lo contrario.

Milei continúa utilizando X con intensidad y durante los últimos siete días, según información de Ad Hoc, realizó más de 350 publicaciones.

Más de 350.

El algoritmo podrá estar cansado.

El Presidente, aparentemente, no.

Pero publicar mucho no necesariamente significa generar conversación.

Y ahí está el verdadero problema.

En 2023, cada aparición de Milei parecía venir con su propio incendio.

La motosierra.

La casta.

La dolarización.

El ajuste.

Los insultos.

La pelea.

Todo encontraba eco.

Hoy, en cambio, el Presidente puede publicar una catarata de mensajes y la sociedad simplemente seguir con su día.

La política digital tiene una regla cruel: cuando dejás de ser novedad, necesitás algo más que volumen para recuperar atención.

De fenómeno antisistema a “uno más”

Grunbaum planteó una definición que probablemente sea una de las más incómodas para el oficialismo: a Milei “se lo empieza a percibir como uno más”.

Ahí está el núcleo político del asunto.

El hombre que llegó a la Casa Rosada prometiendo dinamitar el sistema ahora es parte del sistema.

Tiene Gobierno.

Tiene funcionarios.

Tiene responsabilidades.

Tiene gestión.

Tiene problemas.

Tiene escándalos.

Y tiene, sobre todo, algo que durante la campaña podía evitar: la obligación de responder por lo que hace.

El personaje antisistema funcionaba mejor cuando estaba afuera.

Ahora está adentro.

Y el sistema tiene una costumbre bastante desagradable: pasa facturas.

De la motosierra a los “ensobrados”

Frente a esta pérdida de centralidad, la respuesta presidencial parece haber sido bastante conocida: subir el volumen de la pelea.

Durante los últimos días, Milei intensificó sus ataques contra periodistas, economistas y opositores.

Según un medio capitalino, utilizó términos como “mierdas”, “simios”, “ensobrados”, “basura” y “corruptos”.

La estrategia puede resumirse en una frase aportada por una fuente del oficialismo:

“Ataca cuando lo atacan más”.

Una teoría comunicacional de extraordinaria sofisticación.

Te pegan, pegás.

Te critican, insultás.

Te cuestionan, citás el tuit.

Y si todo falla, siempre queda una mayúscula.

El problema es que esta vez el insulto puede no producir el mismo efecto que antes.

Porque para que la confrontación funcione como combustible político primero tiene que existir una audiencia dispuesta a mirar el incendio.

Y justamente eso es lo que parece estar disminuyendo.

$Libra y el desgaste de la narrativa

Uno de los puntos de quiebre señalados en el informe de Ad Hoc aparece después del caso $Libra.

A partir de allí, la conversación digital alrededor del Presidente comenzó a perder volumen.

A eso se sumaron otros episodios polémicos vinculados a organismos, funcionarios y dirigentes oficialistas.

El caso Libra.

Andis.

Espert.

Adorni.

Cada episodio agrega ruido.

Pero también desgasta.

Según Grunbaum, los escándalos vinculados con corrupción golpearon una de las principales diferencias narrativas con las que Milei llegó al poder: la idea de que era distinto a los políticos tradicionales.

Ese es quizás el golpe más delicado.

Porque si el discurso original era “ellos son corruptos y yo vengo a romper todo”, cualquier escándalo que coloque al Gobierno dentro de las mismas categorías que denunciaba genera una contradicción difícil de esconder con un meme.

La motosierra puede cortar el gasto.

Pero no corta una contradicción política.

También cayó el público de las entrevistas

El desgaste no aparece solamente en X.

El análisis también detectó una caída en la audiencia de las entrevistas presidenciales en canales aliados.

El 14 de mayo de 2026, una extensa entrevista de Milei en el streaming Carajo alcanzó 279 mil visualizaciones y ese mismo día otra aparición en Neura llegó a 155 mil.

La comparación resulta particularmente significativa: en diciembre de 2024, una entrevista había superado 1,4 millones de visualizaciones.

El contraste es evidente.

Milei sigue hablando.

Los medios aliados siguen entrevistándolo.

Pero cada vez parece haber menos gente del otro lado de la pantalla dispuesta a quedarse mirando.

Y eso es justamente lo que preocupa.

El algoritmo, ese nuevo enemigo invisible

Desde el oficialismo aparece otra explicación: el algoritmo.

Según referentes libertarios consultados, X habría modificado su funcionamiento y ahora favorecería publicaciones con videos y contenido original, reduciendo el rendimiento de la estrategia basada en citas y republicaciones.

En términos políticos, es una explicación bastante conveniente.

Antes el enemigo era la casta.

Después los periodistas.

Ahora también puede ser el algoritmo.

Falta que alguien presente una denuncia contra el Wi-Fi.

Sin embargo, el problema parece ser más profundo que una modificación técnica de la plataforma.

Grunbaum señala también fallas en la estrategia digital y una pérdida de capacidad para encontrar temas que realmente conecten con la sociedad.

Es decir: quizás no sea solamente que el algoritmo no muestra el mensaje.

Quizás el problema sea que el mensaje ya no provoca lo mismo.

Santiago Caputo, Karina Milei y la interna digital

A la cuestión comunicacional se suma la disputa interna dentro del oficialismo.

El ecosistema digital libertario quedó afectado por la marginación del aparato que respondía al asesor presidencial Santiago Caputo, en medio de la disputa interna que terminó fortaleciendo la posición de Karina Milei.

La salida de Fernando Cerimedo de las redes libertarias y la posterior conducción de Santiago Oria también aparecen señaladas como parte del reordenamiento.

Según el análisis citado, incluso se detectaron errores en el uso de bots destinados a viralizar publicaciones, lo que habría afectado la distribución orgánica de los contenidos.

El dato tiene una ironía involuntaria.

El movimiento que hizo de la espontaneidad digital una bandera terminó necesitando una ingeniería cada vez más sofisticada para fabricar conversación.

Y cuando esa maquinaria falla, se nota.

El problema de fondo: la oposición tampoco aparece

Ahora bien, sería demasiado sencillo interpretar todo esto como una derrota automática del Gobierno.

Porque hay otra parte de la ecuación.

La oposición no consigue ocupar el espacio que Milei estaría dejando libre.

El peronismo no logró construir una figura con un volumen de conversación comparable.

Tampoco aparece, por ahora, un dirigente capaz de transformar el malestar social en una narrativa alternativa suficientemente potente.

Entonces sucede algo extraño.

Milei pierde conversación.

Pero nadie consigue quedarse con ella.

El oficialismo pierde capacidad para fijar agenda.

Pero la oposición tampoco consigue imponerla.

Es como si todos hubieran abandonado el escenario y, sin embargo, Milei siguiera siendo el único que conserva un micrófono.

Milei sigue siendo Milei, pero ya no alcanza

La paradoja es que el Presidente continúa siendo extremadamente relevante.

No desapareció.

No perdió toda su capacidad de comunicación.

No dejó de generar polémica.

Pero el fenómeno parece haber cambiado.

Y quizá ahí esté la verdadera discusión.

Milei cambió porque ahora gobierna.

Ya no alcanza con gritar contra la casta.

Hay que administrar.

Ya no alcanza con señalar a los políticos tradicionales.

Hay que explicar a los propios.

Ya no alcanza con denunciar corrupción.

Hay que responder cuando aparecen cuestionamientos sobre el propio espacio.

Y ya no alcanza con llenar X de publicaciones.

Hay que conseguir que alguien quiera leerlas.

La fatiga digital no significa que Milei esté políticamente terminado.

Sería una conclusión apresurada.

Significa algo más interesante: la fórmula comunicacional que lo llevó al poder ya no funciona con la misma potencia.

Y cuando una estrategia deja de producir el efecto esperado, la política tiene dos caminos.

Cambiar el mensaje.

O gritar más fuerte.

Por ahora, Milei parece haber elegido el segundo.

El problema es que, cuando la audiencia empieza a cansarse, subir el volumen puede no ser una solución.

Puede ser simplemente hacer más ruido frente a menos gente.

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