La adjudicacion por sorteo de 30 viviendas en la ciudad de La Punta, presentada como un avance concreto para vecinos que esperan soluciones habitacionales, terminó derivando en un nuevo capítulo de confrontación política. La concejal Clara Vinuesa no solo celebró el sorteo reciente, sino que también expuso públicamente su desconcierto frente a la falta de acompañamiento de la oposición.
“No entendemos por qué no lo festejan”, planteó, marcando una línea discursiva que busca instalar la idea de un oficialismo enfocado en resultados y una oposición desconectada de las demandas sociales. En ese sentido, Vinuesa reforzó una comparación que ya circula en el debate local: la diferencia entre gestiones en materia de vivienda.
Según expresó, durante los gobiernos de Claudio Poggi se construyeron unas 1.800 viviendas en la ciudad de la punta, mientras que en etapas posteriores —asociadas al espacio político de Alberto Rodríguez Saá durante los ultimos 8 años de gestion— el número habría sido significativamente menor solamente 36 viviendas. La lectura no es inocente: intenta reconstruir un relato de continuidad en la obra pública y, al mismo tiempo, responsabilizar a gestiones anteriores por un supuesto “abandono”.
Un Concejo en tensión: acusaciones y clima áspero
Pero el debate rápidamente dejó de ser técnico o comparativo. La sesión escaló en tono y derivó en cruces personales. Vinuesa apuntó directamente contra el concejal Bastías, a quien cuestionó por su comportamiento en el recinto y por supuestos antecedentes vinculados a operaciones inmobiliarias con viviendas sociales. En paralelo, la concejal también criticó el estilo confrontativo de su par, señalando que “levantar la voz” no es el camino para representar a los vecinos.
El episodio refleja algo más profundo. El Concejo Deliberante de La Punta atraviesa un momento de alta conflictividad, donde las diferencias políticas se expresan sin demasiados filtros y donde el debate público se contamina con acusaciones cruzadas.
Uno de los ejes que Vinuesa intentó marcar es el rechazo a la polarización ideológica. “No se trata de ser justicialista o libertario”, afirmó, en respuesta a declaraciones de Bastías que habrían buscado encasillar políticamente a distintos concejales.
Este punto no es menor. En un contexto nacional atravesado por fuertes divisiones, el discurso de “gestión por encima de la grieta” aparece como una estrategia frecuente en niveles locales. Sin embargo, en la práctica, la propia dinámica del Concejo muestra que la confrontación sigue siendo el eje dominante.
Al mismo tiempo, la concejal defendió otras medidas impulsadas por el oficialismo, como el leasing para la compra de maquinaria municipal. Según su mirada, se trata de herramientas que permiten mejorar servicios sin recurrir a alquileres costosos, una decisión que también fue cuestionada por la oposición.
La escena deja varias lecturas. Por un lado, hay una gestión que intenta capitalizar logros concretos, como la entrega de viviendas o la incorporación de equipamiento. Por otro, una oposición que, lejos de acompañar, elige marcar diferencias incluso en iniciativas de impacto social.
En el medio, queda el vecino. Ese mismo al que todos dicen representar, pero que observa cómo los debates se alejan de las soluciones para transformarse en disputas de poder.
La adjudicación de viviendas, en definitiva, terminó funcionando como disparador de un conflicto más amplio. No es solo una discusión sobre casas. Es una muestra del clima político en La Punta: tenso, fragmentado y cada vez más expuesto.

