Hay discusiones políticas que son inevitables. Y hay otras que, sencillamente, no deberían existir.
La seguridad de los alumnos de la Escuela N.º 380 «Granadero Valentín Domínguez», ubicada sobre la Ruta Nacional 146, pertenece a este último grupo.
Nadie discute que hace falta una mejor señalización. Nadie pone en duda que ingresar a esa escuela, especialmente durante el invierno, representa un riesgo para alumnos, docentes y familias. De hecho, durante la sesión del Concejo Deliberante de La Punta, tanto la concejal Rocío Roldán como el concejal Martin Bastías fueron claros.
«Solo se pide que el municipio gestione», explicó Roldán.
«Se le está pidiendo nada más gestión», insistió Bastías.
El proyecto era sencillo. Pedirle al Departamento Ejecutivo Municipal que gestionara ante Vialidad Nacional la colocación de la cartelería correspondiente.
Hasta ahí, la discusión era completamente razonable.
El oficialismo decidió no acompañar el tratamiento sobre tablas.
La explicación tampoco parece descabellada.
Argumentaron que el tema debía enriquecerse en comisión para incorporar la normativa correspondiente, determinar el marco legal aplicable y evitar que una presentación incompleta terminara demorándose en organismos nacionales por cuestiones administrativas.
Porque una cosa es hacer un pedido político.
Otra muy distinta es presentar un expediente técnicamente sólido.
Y cuando se trata de organismos como Vialidad Nacional, la diferencia puede significar meses de demora.
Sin embargo, lo llamativo ocurrió después.
Apenas terminada la sesión, el concejal Bastías publicó en sus redes sociales que había presentado personalmente la gestión ante Vialidad Nacional.
Entonces aparece una contradicción difícil de explicar.
Si un concejal puede realizar esa gestión por sí mismo —y efectivamente puede hacerlo—, ¿por qué plantear que era urgente aprobar un proyecto para que el Intendente realizara exactamente la misma gestión?
La propia publicación responde, sin querer, la pregunta.
El trámite podía hacerse sin esperar el tratamiento del Concejo.
Podía iniciarse el mismo día.
Podía realizarse desde el primer momento.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Por eso la discusión deja de ser administrativa y pasa a ser política.
No porque gestionar esté mal.
Todo lo contrario.
Gestionar siempre suma.
Lo que genera dudas es el recorrido elegido.
Primero se instala públicamente la urgencia.
Luego se responsabiliza al oficialismo por enviar el expediente a comisión.
Y finalmente se realiza la gestión de manera individual mientras esa discusión continúa alimentándose en las redes sociales.
La pregunta es inevitable.
¿El objetivo era conseguir rápidamente la señalización para la escuela?
¿O instalar un conflicto político alrededor del expediente?
Porque ambas cosas no son necesariamente iguales.
Nadie puede cuestionar que un concejal golpee puertas.
Los concejales gestionan permanentemente ante ministerios, organismos provinciales y dependencias nacionales.
Eso forma parte de su función política.
Pero cuando esa gestión se convierte en una herramienta para construir un relato donde pareciera que el Concejo impedía actuar, el debate cambia.
Especialmente porque durante la propia sesión nunca se dijo que el pedido fuera rechazado.
Simplemente se planteó discutirlo en comisión para fortalecerlo jurídicamente.
Y aquí aparece otra cuestión de fondo.
La señalización de una escuela sobre una ruta nacional no la decide un concejal.
Tampoco un intendente.
Ni siquiera el Concejo Deliberante.
La determinan los ingenieros y técnicos de Vialidad Nacional luego de evaluar velocidades máximas, tránsito, características del camino, antecedentes de siniestros y criterios establecidos por la normativa vigente.
Es decir, la gestión era necesaria.
Pero también era necesario que estuviera correctamente fundamentada.
La política tiene tiempos distintos.
Hay tiempos institucionales.
Hay tiempos administrativos.
Y también existen los tiempos de las redes sociales.
El problema comienza cuando estos últimos terminan marcando la agenda.
Porque gobernar no consiste únicamente en publicar que se presentó una nota.
Gobernar también implica construir expedientes sólidos para que las soluciones lleguen y no queden frenadas por errores evitables.
La sociedad espera menos fotografías frente a una oficina pública y más resultados concretos.
Nadie discute la importancia de gestionar.
Lo que sí merece debate es cuando una gestión, que podía realizarse desde el primer día sin necesidad del Concejo, termina utilizándose para alimentar una disputa política.
Porque cuando la comunicación pesa más que la solución, el riesgo es que la política deje de resolver problemas para empezar a administrar relatos.
Y los chicos que todos dicen defender siguen cruzando la Ruta 146 cada mañana esperando algo mucho más importante que una publicación en Facebook: una respuesta definitiva.

