Patricia Bullrich busca la presidencia provisional del Senado y crece la tensión interna con Karina Milei

Patricia Bullrich activó negociaciones reservadas con gobernadores y senadores aliados para quedarse con la presidencia provisional del Senado, un cargo clave que hoy ocupa el puntano Bartolomé Abdala. El movimiento expone una creciente disputa de poder dentro del oficialismo y vuelve a tensar la relación de la ex ministra con el círculo íntimo de Javier Milei y Karina Milei.

La disputa todavía ocurre lejos de los flashes, pero en los pasillos del Congreso ya dejó de ser un rumor. Patricia Bullrich comenzó a mover piezas para quedarse con la presidencia provisional del Senado, el cargo institucional más importante después de la vicepresidencia de la Nación y actualmente en manos del senador puntano Bartolomé Abdala.

La jugada no es menor. La presidencia provisional representa una posición estratégica dentro del esquema de poder legislativo y, además, funciona como termómetro de las alianzas internas dentro del oficialismo. Que Bullrich haya empezado a negociar con meses de anticipación revela que algo se está reconfigurando dentro de La Libertad Avanza.

Según trascendió en el Senado, la ex ministra de Seguridad habría mantenido conversaciones con gobernadores de buen vínculo con la Casa Rosada como Ignacio Torres, Rogelio Frigerio y Leandro Zdero. El objetivo es claro: construir una mayoría que le permita desplazar a Abdala cuando se definan las autoridades parlamentarias en febrero.

El dato político relevante es que Bullrich no solo busca respaldo libertario. También intenta seducir a sectores dialoguistas y a gobernadores con peso territorial que vienen manteniendo una relación pragmática con el Gobierno nacional.

El trasfondo de la movida excede el reparto de cargos. En el Congreso interpretan el avance de Bullrich como una señal directa hacia Karina Milei y el núcleo duro que rodea al Presidente.

La ex ministra viene mostrando cada vez más autonomía política. Primero fueron las diferencias silenciosas con el armado político nacional. Después llegaron las críticas indirectas alrededor de la crisis generada por el caso Adorni. Ahora, la ofensiva sobre el Senado profundiza la tensión interna.

En el oficialismo reconocen que Bullrich y el ministro de Economía, Luis Caputo, comparten una preocupación común: el desgaste político que genera la permanencia de Manuel Adorni dentro del esquema de poder libertario.

La presión para debilitar al portavoz presidencial tiene además otra lectura política. En distintos sectores libertarios interpretan que erosionar a Adorni implica también recortar influencia a Karina Milei, hoy considerada la principal armadora política del oficialismo.

Ese punto es el que empieza a acercar posiciones entre Bullrich y Victoria Villarruel. Aunque ambas mantienen perfiles distintos y trayectorias políticas muy diferentes, comparten un interés común: ganar margen propio dentro de un oficialismo cada vez más concentrado alrededor de los hermanos Milei.

La situación también pone bajo presión a Bartolomé Abdala, que logró conservar la presidencia provisional gracias al respaldo político de Villarruel y acuerdos internos dentro del oficialismo.

El senador puntano aparece como una pieza importante dentro del delicado equilibrio libertario en la Cámara alta. Su eventual desplazamiento sería leído como una derrota política para la vicepresidenta y una victoria directa de Bullrich dentro de la estructura parlamentaria.

En paralelo, el peronismo sigue de cerca los movimientos. No necesariamente por afinidad con Bullrich, sino porque cualquier fractura dentro del oficialismo podría alterar la dinámica parlamentaria y abrir nuevos escenarios de negociación.

Algunos sectores opositores incluso especulan con que el crecimiento político de Bullrich podría derivar en una competencia interna más fuerte rumbo a 2027. En el Senado ya circula una idea que empieza a repetirse con frecuencia: la ex ministra busca posicionarse como una referencia del establishment político y económico dentro del universo libertario.

Por ahora, las conversaciones ocurren en reserva. Pero el adelantamiento de las negociaciones demuestra que el oficialismo atraviesa una etapa de reacomodamiento interno más profunda de lo que admite públicamente.

Bullrich ya no actúa únicamente como una dirigente alineada con Milei. Empieza a construir volumen propio, vínculos territoriales y acuerdos parlamentarios. Y eso inevitablemente modifica el mapa de poder dentro del Gobierno.

La disputa por la presidencia provisional del Senado podría terminar siendo mucho más que una pelea legislativa. En el fondo, empieza a revelar quiénes buscan sobrevivir políticamente al modelo hiperpersonalista que domina hoy la Casa Rosada.

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