La falta de docentes abrió otro capítulo dentro de la reforma constitucional de San Luis. UTEP pidió modificar el artículo 23 para permitir que los maestros puedan acceder a un segundo cargo sin depender de excepciones administrativas. El sindicato sostiene que el sistema ya no tiene suficientes profesionales para cubrir las vacantes.
En San Luis hay un problema que ya no parece admitir parches administrativos: faltan docentes.
Y cuando faltan docentes, las aulas no pueden esperar a que la burocracia termine de acomodar sus papeles.
Por eso, la Unión de Trabajadores de la Educación Pública (UTEP) decidió meterse de lleno en la discusión por la reforma de la Constitución provincial y presentó ante la Cámara de Diputados una propuesta para modificar el artículo 23.
El objetivo es concreto: habilitar que los docentes puedan acceder a un segundo cargo sin tener que depender de una declaración excepcional de escasez.
La propuesta fue explicada por el secretario general de UTEP, Carlos Peralta, quien sostiene que la normativa actual quedó desactualizada frente a la realidad que atraviesa el sistema educativo.
Y los números que menciona el gremio son, cuanto menos, preocupantes.
Doble cargo docente en San Luis: una excepción que ya parece regla
Actualmente, el artículo 23 establece como principio general que una persona puede ocupar un solo cargo público.
Para la docencia existe una excepción cuando se acredita escasez de profesionales.
El problema, según UTEP, es bastante evidente: la escasez ya no sería una situación extraordinaria.
Peralta afirmó que durante los concursos docentes del año pasado quedó vacante aproximadamente el 50% de los cargos.
Si el dato se sostiene, la pregunta aparece sola:
¿Hasta cuándo una situación de falta de docentes puede seguir tratándose como una excepción?
Porque si la excepción se vuelve permanente, quizás el problema ya no sea la excepción.
Quizás el problema sea la regla.
Cada vez se reciben menos docentes
UTEP también pone el foco en la formación de nuevos profesionales.
Peralta señaló que en los Institutos de Formación Docente Continua no se reciben más de 15 docentes por año, mientras que aproximadamente 100 se jubilan anualmente.
La cuenta es brutalmente sencilla.
Entran pocos.
Salen muchos.
Y el sistema necesita cubrir las aulas.
No hace falta ser ministro de Educación, economista ni especialista en Excel para darse cuenta de que, si la ecuación se mantiene durante años, en algún momento la calculadora empieza a prender fuego.
El sindicato sostiene además que las condiciones laborales y salariales tampoco ayudan a incorporar nuevos profesionales.
“Mucho esfuerzo para poca remuneración”, resumió Peralta.
Y ahí aparece otra discusión que excede al artículo 23.
Porque permitir el doble cargo puede resolver parcialmente una urgencia, pero difícilmente resuelva por sí solo el problema estructural de por qué cada vez menos jóvenes eligen la carrera docente o consiguen terminar su formación.
El problema de cubrir las aulas
La falta de docentes tiene una consecuencia que no necesita demasiada explicación.
Cuando queda un cargo vacante, comienza el circuito administrativo.
Interviene Recursos Humanos.
Interviene la Junta de Clasificación.
Se revisan antecedentes.
Se busca un reemplazo.
Se tramita.
Se espera.
Y mientras tanto, hay un aula que necesita un maestro.
El papel puede esperar.
El alumno no.
Según Peralta, esta situación termina perjudicando a dos sectores: al docente que puede pasar meses sin cobrar y a los estudiantes que quedan sin el profesor correspondiente.
Es una de esas paradojas administrativas que Argentina conoce demasiado bien: el Estado necesita desesperadamente cubrir un cargo, pero puede tardar semanas o meses en conseguir que alguien ocupe la silla.
La discusión por los segundos cargos
UTEP también cuestionó la manera en que se habilitaron algunos segundos cargos durante este año.
Según explicó Peralta, fueron autorizados bajo el criterio de “excepcionalidad hasta finalización del ciclo lectivo”.
El sindicato sostiene que esa figura no estaría contemplada en el estatuto docente.
Por eso plantea una solución de fondo.
Modificar la Constitución.
No más excepciones temporales.
No más decisiones administrativas que dependan de cada circunstancia.
La propuesta busca establecer una herramienta permanente que permita a los docentes asumir un segundo cargo cuando el sistema lo necesite.
Claro que eso también abre otra discusión: cómo garantizar que el doble cargo sea una solución para cubrir necesidades reales y no termine convirtiéndose en una forma de sobrecargar a los docentes o concentrar puestos en determinadas personas.
Ahí estará buena parte de la letra chica.
UTEP quiere entrar en la reforma constitucional
El pedido sindical llega en un momento particularmente sensible.
El Gobierno provincial impulsa una reforma de la Constitución y UTEP pretende que la discusión educativa no quede reducida a un capítulo decorativo.
Además del doble cargo, el sindicato propone incorporar expresamente a la educación como derecho y obligación del Estado y plantea la adhesión a la Ley Nacional de Educación Técnico Profesional 26.058.
Es decir, no se trata solamente de modificar una frase del artículo 23.
UTEP pretende aprovechar la reforma constitucional para discutir qué lugar ocupa la educación dentro de las obligaciones del Estado provincial.
Y eso ya es una discusión política de mayor tamaño.
Una Constitución frente a un problema que está en las aulas
La propuesta tendrá ahora que recorrer el camino legislativo.
UTEP anticipó que buscará reunirse con los diputados para explicar sus argumentos y defender la incorporación de sus planteos.
Mientras tanto, el problema continúa en las escuelas.
Y quizás ese sea el dato más importante de toda esta discusión.
Porque una Constitución puede reformarse.
Un artículo puede modificarse.
Un reglamento puede cambiarse.
Pero mientras tanto, todos los días hay chicos entrando a aulas que necesitan un docente al frente.
El doble cargo puede ser una herramienta.
Pero si la provincia necesita cada vez más excepciones para conseguir maestros, quizás haya llegado el momento de discutir algo bastante más incómodo:
por qué faltan docentes.
Porque modificar la Constitución puede ser relativamente sencillo.
Conseguir que una nueva generación quiera estudiar, recibirse y trabajar enseñando requiere bastante más que cambiar un artículo.
Requiere que ser docente vuelva a ser una profesión posible.
Y, sobre todo, una profesión que alguien quiera elegir.

