Renca: el municipio donde el relato se evaporó y quedaron 70 pesos, cheques fantasmas y una bomba de agua al borde del colapso

Luis Altamirano expuso el verdadero estado de la Municipalidad tras asumir el 10 de diciembre. Cuentas vacías, papeles inexistentes, bienes destruidos y servicios críticos. La transición mostró que el problema no era político: era aritmético.

Hay discursos que tranquilizan. Otros que incomodan. Y después están los que, sin levantar la voz, dejan al descubierto una verdad imposible de maquillar. El informe que difundió el intendente de Renca, Luis Altamirano, pertenece a esta última categoría.

No hubo fuegos artificiales. No hubo promesas grandilocuentes. Hubo números, papeles ausentes y una pregunta flotando en el aire: ¿cómo se gobierna un municipio cuando la herencia no es pesada, sino directamente inexistente?

Tras asumir el pasado 10 de diciembre, Altamirano ordenó un relevamiento completo del estado financiero, administrativo y operativo de la comuna. La auditoría se realizó en el propio edificio municipal, junto al Tribunal de Cuentas de la Provincia, y se complementó con un inventario físico llevado adelante por el equipo de Gobierno. El resultado fue tan crudo como concreto.

Las arcas: cuando el cero deja de ser simbólico

Altamirano decidió empezar por lo que suele esconderse: el dinero. O, mejor dicho, la ausencia del mismo.

En el Banco Supervielle de La Toma, el saldo era de $70,96. En el Banco Nación, $91,21. A eso se suman $8.048,49 en una cuenta de Mercado Pago y $12 mil en efectivo. No es una metáfora. No es una exageración. Es el total del estado monetario del municipio.

“Ese es todo el estado monetario. La verdad que estamos casi arrancando sin un peso”, explicó el intendente. La frase podría sonar a recurso retórico, si no fuera porque los números la sostienen con brutal honestidad.

No hay margen para interpretaciones políticas cuando la calculadora marca menos de cien pesos por cuenta. No hay grieta que tape un saldo bancario que no alcanza ni para imprimir el próximo comunicado oficial.

Papeles que no están, gestiones que no aparecen

Si el panorama financiero encendió luces rojas, el estado administrativo directamente dejó la sala a oscuras.

El día de la auditoría no se encontraron libros banco, extractos bancarios, balances, comprobantes, facturas ni documentación respaldatoria. Tampoco había consideraciones de entidades bancarias ni registros de cuentas de inversión. Nada. Cero. Ausente.

No se trata de un error menor ni de un olvido administrativo. Se trata del corazón mismo de cualquier gestión pública. Sin papeles no hay control. Sin control no hay transparencia. Y sin transparencia, el discurso se vuelve un decorado.

La intendenta saliente, Romina Peralta, aseguró que no existían cheques pendientes de cobro ni deudas con proveedores. Sin embargo, esa afirmación quedó automáticamente bajo verificación. Porque una cosa es lo que se dice y otra lo que aparece —o no aparece— cuando se revisan los archivos.

Cheques que se pierden y verdades que se diluyen

El capítulo de las chequeras merece mención aparte. Durante la entrega formal, Peralta hizo llegar dos chequeras del Banco Supervielle. Pero cuando el Tribunal de Cuentas avanzó en el control, surgió un detalle incómodo: faltaban cinco cheques.

No estaban en los registros. No estaban anulados. No estaban explicados.

En una revisión posterior, el faltante ascendió a seis. Seis cheques cuyo destino nadie pudo aclarar. Seis papeles que no figuran en balances inexistentes. Seis silencios administrativos.

Ante esta situación, Altamirano ordenó el bloqueo inmediato de todos los cheques en el sistema digital. No por paranoia. Por sentido común. Cuando no hay certezas, la prevención deja de ser exageración y pasa a ser obligación.

Cuentas embargadas y laberintos bancarios

Con la intención de ordenar la operatoria financiera, el intendente mantuvo una reunión con el gerente del Banco Supervielle de La Toma. La idea era simple: cerrar esa cuenta y concentrar la operatoria en el Banco Nación, donde ingresan los fondos de coparticipación.

La respuesta fue un nuevo obstáculo: la cuenta está embargada. No puede cerrarse. No puede operarse con normalidad. Requiere documentación adicional. Documentación que, paradójicamente, no aparece.

El sistema muestra su ironía más cruel: para destrabar un problema generado por la falta de papeles, se exigen papeles que no existen.

El inventario: cuando lo público parece descartable

Si alguien pensaba que el desastre terminaba en lo financiero, el inventario de bienes municipales terminó de disipar cualquier ilusión.

Entre los vehículos, se recibió una motocarga Zanella en estado deplorable, sin condiciones mínimas para su uso y con necesidad de un mantenimiento profundo. También una pick up Fiat Strada modelo 2020, en estado crítico, utilizada de forma extremadamente limitada dentro del pueblo por sus problemas mecánicos.

En herramientas de mantenimiento urbano, la situación no mejora: una pala, una hormigonera y tres motoguadañas. De esas tres, solo dos funcionaban. Una se rompió el primer día. Resultado: una sola motoguadaña operativa para todo el municipio.

No es abandono simbólico. Es abandono literal.

Oficinas públicas con tecnología del pasado

El área administrativa tampoco escapó al deterioro. Se entregaron cuatro computadoras antiguas. Dos funcionan con impresora. Las otras dos están rotas. Sillas e impresoras completan el equipamiento mínimo para que las oficinas no se conviertan en depósitos vacíos.

Gobernar con máquinas obsoletas no es una excusa. Es una dificultad concreta. Y también una señal de prioridades pasadas.

Agua potable: la bomba que sostiene al pueblo

Uno de los puntos más sensibles del informe fue el estado del servicio de agua potable. Altamirano no dudó en calificarlo como “crítico” y “urgente”.

El sistema debería funcionar con dos bombas. Hoy funciona con una sola. La otra está averiada. Si esa bomba falla, el suministro queda comprometido.

En cloacas, el escenario es aún más delicado: no hay repuestos de bombas. Ninguno. La infraestructura básica está al límite.

No es un problema técnico menor. Es una amenaza directa a la calidad de vida de los vecinos.

Edificios que se llueven y espacios públicos abandonados

El deterioro edilicio de la Municipalidad se manifiesta en filtraciones cada vez que llueve. El balneario, uno de los espacios más importantes para la comunidad, presenta pasto alto, luminarias dañadas y sanitarios en mal estado.

El objetivo del nuevo Gobierno es ponerlo en condiciones antes del 24 de diciembre para afrontar la temporada de verano. No como lujo. Como necesidad.

Menos épica, más realidad

Altamirano fue contundente: “Quiero que el vecino de Renca entienda que estamos arrancando de cero. La situación es muy mala y muy crítica”.

No hubo eufemismos. No hubo culpables nombrados en voz alta. Hubo una descripción que, por sí sola, expone más que cualquier denuncia.

Aun así, el intendente destacó el acompañamiento de vecinos, comerciantes y trabajadores municipales, y el respaldo del Gobierno provincial. El optimismo existe. La voluntad también. Lo que no había, quedó claro, era gestión.

En Renca, el cambio no empezó con un discurso. Empezó con una auditoría. Y cuando los números hablan, el relato deja de ser una opción.

 

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