El Gobierno pisa el acelerador. Esta tarde, la jefa libertaria en el Senado, Patricia Bullrich, se reunió con bloques dialoguistas y confirmó que el miércoles de la próxima semana habrá sesión extraordinaria para debatir la reforma laboral. Según afirmó, el proyecto está “en un 95% cerrado”. La definición no es menor: el oficialismo necesita construir una mayoría sólida para evitar sobresaltos en el recinto.
El encuentro duró más de dos horas y se realizó en la oficina central de la Unión Cívica Radical en la Cámara alta. Al finalizar, Bullrich habló junto al presidente del bloque radical, Eduardo Vischi. El mensaje fue claro: el Gobierno cree que tiene los votos. “Nosotros creemos que sí. Si no, no convocaríamos”, sostuvo la exministra de Seguridad al ser consultada sobre el respaldo parlamentario.
Sin embargo, no todos comparten ese optimismo. Los aliados percibieron buena recepción de parte del Ejecutivo. No obstante, continuarán las conversaciones para cerrar las áreas pendientes. El objetivo es llegar al martes 10 con una versión definitiva. La sesión ya está pedida para el día 11.
Vischi fue prudente. “Pudimos avanzar en varios temas en los que surgían dudas y logramos algún entendimiento. Todavía quedan cuestiones por delinear”, señaló. Aun así, expresó conformidad con el texto que se está terminando de redactar. La estrategia apunta a arribar al recinto con el mayor consenso posible.
Los votos que definen el tablero
El Gobierno cuenta con 21 senadores propios. Por eso necesita, sí o sí, el respaldo de los 10 radicales, tres del PRO y un grupo de provinciales. Si logra reunir 37 voluntades, tendrá luz verde. De lo contrario, el escenario se vuelve incierto.
En la reunión estuvieron presentes los titulares del PRO y Provincias Unidas, Martín Goerling y Carlos Espínola. También participaron referentes provinciales como Carlos Arce, Julieta Corroza, Beatriz Ávila y Edith Terenzi. En contraste, faltaron Flavia Royón y Natalia Gadano, quienes sí habían asistido la semana pasada.
El capítulo fiscal genera tensión. Vischi reconoció que existe preocupación por una eventual caída en la coparticipación. Nación sería la que más perdería, aunque las provincias miran con atención el impacto en sus cuentas. “Es uno de los temas que realmente nos preocupan”, admitió. Por lo tanto, las negociaciones siguen abiertas.
Además, se analiza un posible guiño a las medianas empresas. La intención sería ampliar beneficios que inicialmente estaban más enfocados en grandes compañías. Este punto podría funcionar como puente para sumar voluntades.
Silencio estratégico y negociaciones abiertas
Bullrich dejó en claro que eligieron no detallar los cambios acordados. “Hemos decidido trabajar sin hablar de cuáles son los cambios”, explicó. La táctica busca evitar que el debate se fragmente antes de llegar al recinto. En otras palabras, prefieren cerrar puertas adentro y discutir públicamente el texto final.
Asimismo, la jefa libertaria remarcó que quedan temas vinculados a conversaciones entre gobernadores, el ministro de Economía y el ministro del Interior. “El martes en la mañana tiene que estar todo cocinado”, enfatizó. La frase refleja presión y urgencia.
Mientras tanto, desde algunos despachos se deslizó que podrían incluir modificaciones a la ley de glaciares en la misma sesión. La iniciativa “viene bien”, aseguraron fuentes cercanas a la Casa Rosada. Sin embargo, hay pocas precisiones. La única discusión garantizada es la laboral.
Internas y premios políticos
Antes del encuentro con aliados, Bullrich reunió a su bloque. Allí también hubo tensión. Algunos senadores, especialmente los recién llegados del sur, esperaban definiciones sobre la presidencia provisional del Senado. El tema quedó en stand by. El martes 24 será la sesión preparatoria para elegir autoridades.
No obstante, hubo recompensas. El riojano Juan Carlos Pagotto presidirá la comisión de Acuerdos, clave porque por allí pasan los pliegos judiciales y diplomáticos. Además, Francisco Paoltroni seguiría al frente de Relaciones Exteriores. En política, cada movimiento tiene peso específico.
Un test clave para el oficialismo
La reforma laboral se convirtió en la prueba de fuego del oficialismo en la Cámara alta. Si logra consolidar 37 votos, enviará una señal de fortaleza. Si falla, expondrá su fragilidad numérica.
Por ahora, el Gobierno apuesta a la negociación silenciosa. La oposición dialoguista, en cambio, mide costos y beneficios. En el medio, las provincias presionan por garantías fiscales. El resultado no solo impactará en el mercado laboral. También marcará el pulso político de los próximos meses.
El miércoles 11 será el día decisivo. Hasta entonces, las conversaciones seguirán en marcha. La cuenta regresiva ya empezó.

