El concejal denunciado por amenazar al secretario Juan Pablo Martínez juega su última carta: se victimiza, tapa el golpe con un escupitajo de diciembre y acusa a la prensa de cobrar plata de los vecinos. Clara Vinuesa lo parte al medio: «¿La próxima soy yo?». Detrás, Orozco pide repartir la culpa. El Concejo Deliberante de La Punta es un polvorín.

Hay dos formas de leer lo que está pasando en el Concejo Deliberante de La Punta. Una es la judicial: un concejal denunciado por amenazas y agresión física contra el secretario legislativo, una causa en Comisaría N°28, cámaras de seguridad que pueden enterrarlo o salvarlo. La otra es la política. Y en esa cancha, Martín Bastías acaba de tirar un codazo que puede dejarlo afuera del partido o darle una chance milagrosa.

El tipo sabe que está contra las cuerdas. Por eso cambió el disco. Dejó los puños guardados y sacó a relucir el manual del violento arrepentido: victimizarse, desviar la atención y, si es necesario, quemar todo a su paso.

«A MÍ ME ESCUPIERON EN DICIEMBRE»

La jugada de Bastías en la segunda sesión ordinaria fue tan burda como efectiva aunque relató un hecho que jamás hizo público o informó. Apenas habló dos veces, pero las dos fueron para plantar la misma bandera: «Yo soy la verdadera víctima». Textual:

«Cuando yo asumí el día 9 de diciembre, cuando di juramento, a mí me insultaron y me escupieron. Yo no vi ningún repudio, ni de los concejales ni del oficialismo, de nadie. O sea que para algunos vale el repudio y para otros no.»

El razonamiento es perverso pero tiene una lógica política: poner en la misma balanza un escupitajo anónimo en la puerta del Concejo (algo repudiable, sí) y una denuncia por amenazas con presunto golpe de puño incluido contra un funcionario dentro del edificio. ¿Es lo mismo? No, ni cerca. Pero en el barro de la política, cuando te están por enterrar, cualquier rama sirve.

Bastías no se detuvo ahí. Fue por más.

«CON PLATA DE LOS VECINOS LE PAGAN A LOS MEDIOS»

El concejal soltó una bomba que todavía está humeando:

«No me extrañaría que con plata de los vecinos se le esté pagando a los medios para que viralicen una mentira. Ellos también van a tener noticias.»

Traducción: hay una operación en mi contra, usan dinero público para escracharme y los periodistas son parte del complot. ¿Pruebas? No tiene. Pero en la guerra política, la acusación ya está lanzada. Bastías prende fuego todo para ver si en el incendio puede escaparse.

El problema es que del otro lado hay una mujer que no tiene miedo.

CLARA VINUESA: «¿ESPERAMOS QUE PASE CON UNA MUJER?»

Clara Vinuesa, concejal de Ahora San Luis, es la voz más filosa de esta historia. Mientras Bastías juega a la víctima, ella agarra el problema por donde duele. Primero, pone los límites:

«El jueves pasado escuchamos palabras y vimos acciones totalmente descalificadoras hacia una persona. Nosotros como concejales no podemos permitir que estas cuestiones pasen acá adentro como si estuviéramos en una cancha.»

Después, afila el cuchillo:

«No podemos insultarnos de la manera que se insultó acá adentro y después violencia física fuera. En el pasado fue con el secretario. ¿Y después qué? ¿Esperamos que pase con una mujer? ¿Va a ser conmigo, con María, con la concejal Oros?»

Esa pregunta es un misil. Porque lo que está diciendo Vinuesa, en criollo, es: Bastías ya mostró que los puños los saca. Si no lo frenamos ahora, la próxima víctima puede ser una mujer. Y ahí la culpa no va a ser solo de él, va a ser de todos los que miraron para otro lado.

FERNANDO OROZCO: EL «REPUDIO PARA AMBOS» QUE TERMINA DILUYENDO TODO

En el medio aparece Fernando Orozco, de La Libertad Avanza, con la postura del que quiere quedar bien con Dios y con el diablo. Dice:

«El repudio tiene que ser total y me refiero a ambas partes. Porque acá todo el cuerpo legislativo forma una institución y ninguno debe perder la cordura.»

Y agrega: «Yo no voy a sacar conclusiones apresuradas, no dejo de saludarlo ni ser amable. Hubiera sido más justo para los dos y no caer sobre uno solo.»

Lindas palabras. Pero en el fondo, ¿qué significa? Que Orozco no se la juega. Dice «ambas partes» para no quedar pegado ni con Bastías ni con la oposición. Pero cuando la violencia es física, cuando hay una denuncia por amenazas de por medio, el «las dos partes se mandaron» es una forma elegante de esquivar el bulto.

ROCÍO ROLDÁN: LA QUE TUVO QUE PONER LA CARA

Mientras Bastías miraba al piso, su compañera de bloque Rocío Roldán tomó el micrófono y bancó al denunciado despues de una semana recien se expidio en el recinto. 

Traducción política: bancamos a Bastías, pero si las cámaras lo confirman, nos quedamos solos. Es una apuesta altísima. Si las imágenes salvan al concejal, Roldán pasa a ser la que contuvo a un perseguido. Si lo hunden, queda pegada para siempre.

Lo que estamos viendo en La Punta no es una pelea entre dos personas. Es un síntoma. La política local, esa que debería discutir proyectos, presupuestos y ordenanzas, terminó discutiendo quién amenazo denigro o invito a quién a las piñas afuera del Concejo.

Martín Bastías eligió una estrategia de alto riesgo: víctima, persecución y ataque a la prensa. Puede funcionarle si logra instalar la duda. Pero enfrente tiene a una mujer que le acaba de preguntar, con el dedo en el pecho, qué va a pasar cuando la violencia le toque a una de ellas.

Clara Vinuesa no solo defiende a un compañero de recinto agredido. Está marcando un límite. Y en política, los límites se cruzan una sola vez. Bastías ya lo cruzó. Ahora la justicia dirá si lo dejan del otro lado para siempre.

La frase que queda flotando:

«No nos votaron para esto.»

No, claro que no. Pero acá están. Y La Punta mira y lo que ve no es precisamente edificante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Este artículo fue realizado por periodistas profesionales y cuenta con un autor responsable. Agradecemos su interés en compartirlo, pero le solicitamos que lo hagas desde el link original: Copyright Ⓒ ALFILO