Escándalo en el Concejo: de la sesión legislativa al “round” callejero — un concejal quiso convertir el recinto en una pelea de MMA

La primera sesión ordinaria del año en el Concejo Deliberante de la ciudad dejó mucho más que discursos, formalidades y agenda legislativa. De hecho, dejó algo bastante más preocupante: una escena que por momentos pareció más cercana a una jaula de MMA que a un recinto institucional donde deberían debatirse políticas públicas.

Lo que debía ser el inicio formal del año legislativo terminó exhibiendo, con crudeza, una postura política y también un estilo. Y no precisamente el más edificante.

El episodio tuvo como protagonista al concejal Bastías, quien durante el desarrollo de la sesión decidió llevar al recinto cuestiones de índole personal, desviándose por completo del marco político e institucional del debate. Fue allí cuando la presidenta del Concejo, Roxana Oros, debió intervenir para recordarle lo que cualquier edil con mínima lectura del reglamento debería saber.

“Eso no se trata en el ámbito legislativo y debe comunicarse siempre con la presidencia del Concejo”, le indicó Oros en plena sesión.

El llamado al orden no fue menor. En cualquier parlamento serio, el reglamento no es un detalle burocrático: es la base que ordena el debate político. Pero el episodio dejó al descubierto algo más profundo que una simple discusión reglamentaria. Expuso una preocupante falta de comprensión del rol legislativo.

Porque la política —en su esencia— se pelea con argumentos, con retórica, con ideas. No con gritos, ni con amenazas.

Sin embargo, lo que ocurrió después mostró que el clima estaba lejos de enfriarse.

Del reglamento a los insultos

Finalizada la sesión, los concejales se reunieron para definir cuestiones operativas vinculadas al trabajo de comisiones: día, horario y metodología. En ese contexto, el secretario legislativo Juan Pablo Martínez explicaba un procedimiento habitual dentro del funcionamiento parlamentario.

Se trata de algo simple: los concejales reciben el acta de sesión, tienen un tiempo para revisarla y observar posibles errores tipográficos —no de fondo— antes de firmarla en conformidad o no.

Un procedimiento administrativo básico.

Pero la explicación del funcionario encendió nuevamente la mecha.

Según testigos presentes, Bastías reaccionó de manera intempestiva y elevando el tono se dirigió directamente a Martínez:

“No te hagas acá el secretario si te conozco. No me vas a decir a mí”.

La frase fue apenas el comienzo.

A partir de allí comenzaron insultos y alusiones personales que nada tenían que ver con el funcionamiento del Concejo. El concejal lo acusó de ser “un vendido” y de ocupar su cargo gracias a la oposición, dejando de lado —según su interpretación— al justicialismo.

Martínez no se quedó callado y respondió recordándole al propio concejal su derrotero político.

Le retrucó que él mismo había militado en Avanzar, fue candidato por el Movipro, y que ahora pretendía mostrarse como abanderado del justicialismo.

La discusión, lejos de bajar de intensidad, escaló rápidamente hacia un terreno cada vez más personal.

Cuando la política pierde la compostura

Fue nuevamente la presidenta Roxana Oros quien intentó poner paños fríos.

Pidió cuidar las formas y mantener el respeto dentro del recinto.

Pero la advertencia ya llegaba tarde.

Visiblemente alterado, Bastías abandonó el lugar gritando amenazas directas.

“Salí afuera que te voy a cagar a trompadas”, lanzó, desafiando Bastias al secretario legislativo.

La escena, que parecía salida de un patio de escuela más que de un ámbito institucional, continuó fuera del recinto.

El concejal salió hacia el Parque Cívico entre insultos, acusando a Martínez de “haber vivido y comido de los Saá durante años” y repitiendo provocaciones.

Pero la historia no terminó allí.

La esquina donde casi hubo “round”

Minutos después, cuando Martínez salió del edificio para fumar un cigarrillo, Bastías lo esperaba afuera.

La tensión volvió a subir.

Como si se tratara de dos adolescentes discutiendo a la salida de la escuela, ambos caminaron hasta la esquina de Tobar García y 14 Este, donde continuaron los empujones y los gritos.

La situación pudo haber terminado peor.

Fue el secretario administrativo Ovejero quien intervino y logró separarlos antes de que la discusión escalara a golpes.

Así se cerró lo que, sin exagerar, podría considerarse el primer “round” del año legislativo.

El problema de fondo

Más allá de la anécdota —que por sí sola ya resulta grave— el episodio deja un interrogante político de mayor profundidad.

El mismo concejal que protagonizó el escándalo había reclamado recientemente más presencia policial en las calles para garantizar seguridad.

Después de lo ocurrido, la pregunta aparece inevitable.

¿No será el propio Concejo Deliberante el que termine necesitando una consigna policial en cada sesión?

Porque si las discusiones políticas empiezan a resolverse a empujones o con amenazas de trompadas, el problema ya no es reglamentario.

Es institucional.

Y también cultural.

Sería una paradoja difícil de explicar que un efectivo de la policía tenga que abandonar la calle —donde debería estar cuidando a los vecinos— para custodiar el recinto legislativo y evitar que un concejal transforme la política en una pelea.

La primera sesión del año dejó claro algo.

El debate recién empieza.

Pero si este fue el tono del arranque, el calendario legislativo promete ser cualquier cosa… menos aburrido.

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